Tatuajes y conservadurismo: una mirada al rechazo venezolano hacia los tatuajes

Actualización: meses después de publicar este artículo, apareció en Gaceta Oficial un inicio de discusión para prohibir tatuajes en determinadas zonas en Venezuela. Sabemos que esto es tan solo un llamado a discutir la posible prohibición (aunque sabemos cómo es Gobierno cuando llama a debatir un interés público: te escuchamos pero no te hacemos caso), que quizá termine en nada, pero el solo hecho de discutir esto demuestra que la sociedad conservadora venezolana está, lamentablemente, muy bien representada por un Gobierno muy conservador.

 

 

helen_jade

Hay en el Noticiero Venevision una sección de salud llamada Al natural es mejor conducido por una periodista muy joven. En esta sección se aborda una variedad de temas manejados con puntos de vista muy conservadores. Hoy habló de los tatuajes. En realidad, todo el segmento se lo dedicó a los riesgos que implican los tatuajes y a mostrar a quienes se los hacen como seres descerebrados y que poca atención ponen a su salud (estuvo a unas pocas palabras de llamarlos idiotas), para culminar diciendo algo que ni siquiera es una idea propia, sino la manida y reaccionaria frase: «Hacerse un tatuaje es atentar contra el cuerpo» (observación curiosa proviniendo de una chica que claramente ha pasado varias veces por el quirófano para hacerse operaciones estéticas que han alterado su cuerpo).

Cualquiera podría defender los puntos de vista conservadores alegando que «cada quien tiene sus opiniones» y que hay que respetarlas. Recientemente un precandidato a la alcaldía de El Hatillo se refirió a los homosexuales casi como enfermos mentales que podrían transmitir su «desviación» si la sociedad se los permitía, y ante la avalancha de críticas que recibió se defendió diciendo que esas eran sus opiniones y pedía respeto como él respetaba las de los demás (claro, lo dice por Twitter quien terminó bloqueando a todas las personas que le criticaron, entre ellos a mí, que tan solo le critiqué que pusiera durante varias horas como privado su perfil público en ese servicio de microblogging). De ser así, tanto Hitler como el nazismo tenían opiniones.

Lo peligroso de dichos puntos de vista está en que muchas veces van con una gran carga discriminatoria. Y de la discriminación se pasa a la negación del otro en un segundo. Las conductas que ellos critican son conductas que no les afectan directamente. Por el contrario, quienes sostienen puntos de vista así actúan sintiéndose envestidos de una autoridad moral que nadie les ha dado para negarle la existencia «al otro». Para negarle los derechos que ellos gozan libremente «a los otros».

Esa frase que la periodista repitió lleva la carga de que hacerse un tatuaje atenta contra el cuerpo porque el cuerpo es sagrado, un tesoro dado por Dios y que solo le pertenece a él, y por lo tanto quien se tatúa es una persona intrínsecamente mala, porque quien se daña a sí mismo y atenta contra Dios puede fácilmente dañar a los demás. Esa es la opinión que, en un país conservador como Venezuela, se repite como una verdad incuestionable y termina estigmatizando a las personas tatuadas como gente que va encaminada, si es que ya no lo está, al mundo del crimen, de las drogas, de la perversión. (Habría que empezar a contar cuántos tatuajes tienen los políticos que alrededor del mundo han hecho tanto daño.) Allí está el peligro de opiniones aparentemente inocentes que repetidas se transforman en herramientas para despreciar al «diferente».

PS: La semana pasada se habló en esta sección sobre «la desnudez en familia». De si es bueno o malo (otra vez la lucha entre el bien y el mal) que los niños vean desnudos a sus padres cuando se bañan. Pero lo trataron de tal manera rancia que la desnudez quedó como algo pervertido, pecaminoso, profano. Tomaron la opinión en la calle de varias personas de diferentes edades y condiciones sociales y todos coincidieron en que la desnudez es un tema tabú para los niños. Podrías pensar que los productores de esta sección seleccionaron a la gente que piensa como ellos, pero no lo creo. Haz esa misma entrevista en la calle y seguro encontrarás respuestas que dejarían pendejo de Benedicto XVI. Porque el venezolano es un pueblo muy conservador.

Vivimos en tiempos supuestamente de revolución, de rebeldía, la propaganda cursi de izquierda nos ataca por todas partes, pero aún los venezolanos nos escandalizamos de ver un culo o de decir coño en televisión. De hecho, este mismo gobierno que se dice progresista y de izquierdas ha creado a Conatel, un organismo encargado de velar por el conservadurismo en la radio y la televisión (si estás pensando en ese programa que pasan al filo de la medianoche en VTV como una muestra de no-conservadurismo, es porque ya tomas como natural que llame maricones para insultar y solo te quedes con la palabra, y no con el mensaje de desprecio hacia los homosexuales, algo típico del ultraconservadurismo más abominable).

Mucho menos se habla en el país de temas que en otros países ya se toman como parte del debate legislativo: hablar del derecho de las mujeres al aborto, de los derechos para la comunidad LGBTI, de la despenalización de las drogas recreativas y de la eutanasia, entre tantas cosas, es algo que no se toca en Venezuela porque los legisladores saben que eso va en contra del «ser venezolano», ya sea que éste se identifique con la izquierda o con la derecha: en el fondo todos son conservadores y muy religiosos.

Incluso el tema se complica cuando desde el mismo Gobierno central se promueve una sociedad regida con un carácter místico-religioso que de seguir así nos llevará al nivel de otro de los aliados imposibles de un gobierno progresista: la república teocrática de Irán.

Desde la guerrilla comunicacional se vende la imagen artificial que en Venezuela se está haciendo la revolución para afuera pero son otros los países que vienen a dictarnos cátedra en el progreso de los derechos individuales, como la pequeña Uruguay (con su presidente amigo del nuestro, o del que teníamos o tenemos, ya no lo sabemos) o el supuestamente conservador Estados Unidos. No me hablen entonces en vano de progresismo, porque quienes dicen promoverlo son los mismos que luego se unen en oración por la salud de un militar.

Comentarios

  1. W-R

    Rafael, es un gran artículo, siempre esa intención bastante sutil pero enérgica de propagar una visión crítica y respetuosa.

    Es un temazo, la situación que se vive acá es algo muy devastador, somos una zoociedad absolutamente totalitarista y condenados a seguir siendo sodomizados por una estructura de tabúes que no hacen otra cosa más que extrapolarizar el real sentido semántico del concepto revolucionar.

    Muy de acuerdo con su visión.

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