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Reacciones ante profilaxis canina en Venezuela

Profilaxis canina en Venezuela

Con un asombro que rápidamente se convirtió en repulsa nos hemos enterado de los planes de realizar un operativo para eliminar perros callejeros en el Municipio Mariño de Nueva Esparta. La condena corrió por las redes sociales y se empezaron a recoger firmas para evitar un operativo que demuestra que el Estado recurre siempre a medidas poco inteligentes y de escasa sensibilidad para tratar de solucionar sus «problemas»; cuando algo «estorba» hay que eliminarlo (algunos cínicos podrían preguntarse si es que acaso los políticos no son un estorbo desde hace tiempo).

He visto en las redes sociales y en algunos foros (como el de Noticias24) dos tipos de reacciones que quisiera tratar en esta entrada. Por una parte, están los escépticos, que han cuestionado eso que se ha venido a llamar ciberactivismo, alegando que no se hace nada desde la comodidad de una PC: yo vivo en Caracas y sólo me queda la palabra escrita. Pero la palabra de quienes hemos manifestado por estas vías nuestra indignación tiene el poder de movilizar, por ejemplo, a los lugareños que todavía no estuvieran enterados para que salgan a retirar el veneno (perversamente llamado en la circular como carnada) y de persuadir a las autoridades para que no realicen este tipo de operativos en otros lugares del país.

Otros comentarios, los más lamentables, se burlan del interés por evitar que animales sean masacrados. Según algunos de estos comentarios, había detrás de esta denuncia un ánimo de figurar, de ser movidos por las modas, de ser progres. Evidentemente, hay gente que le gusta la pose, pero ante casos como este hay un zumbido en la conciencia que te impide permanecer impasible ante un abuso desproporcionado. Y esa capacidad por sentirse indignado es algo que nos hace humanos. Lamentablemente, he visto que muchas personas que andan a pie y que parecen humanos tienen menos condición humana que los pobres perros que seguro están muriendo en este momento. Algo que trato es ser un mejor humano, porque no nacemos así. Es algo que se aprende.

A veces cito La insoportable levedad del ser de Kundera hasta fastidiar a mis interlocutores. Pero me parece un libro total, de esos que pondría de primero en mi lista de cosas que llevaría a una isla deshabitada. Recordé entonces el libro de Kundera porque allí aparece una afirmación poderosa: dice que la humanidad solo puede mostrar su verdadera bondad y esencia ante los seres más indefensos: los animales. Y, ciertamente, los animales están a nuestra merced, somos quienes disponemos de ellos a nuestro antojo como no lo hace ninguna otra especie, somos jueces de la vida de otros que no pueden argumentar una defensa. Debemos, de algún modo, levantar una muestra de protesta. Tenemos una responsabilidad ante lo que ocurre, y la indiferencia no es alternativa.