Opinar sobre Venezuela desde el exilio

Opinar sobre Venezuela

Se ha hablado mucho en los últimos meses sobre la emigración de venezolanos. Y dado que cada vez somos muchos más, ¿podemos opinar sobre Venezuela desde el exilio?

 

¿Pueden opinar sobre Venezuela los que se fueron?

 

La pregunta de esta breve entrada pareciera tener una respuesta afirmativa más que obvia.

Pero ante lo que se escucha y lee en los últimos días, pareciera que hay un sector de venezolanos cada vez más ruidoso que alega, desde una postura de superioridad moral y con fervor nacionalista, que los venezolanos residentes en el extranjero son todos unos ingratosno tienen derecho a opinar sobre el acontecer político y social del país, como si la condición de emigrante les negara todos sus derechos políticos.

Una opinión que en ocasiones toma carácter institucional, como cuando el Estado venezolano cierra el consulado de Miami y el CNE remata obligando a los venezolanos residentes en esta ciudad a viajar a Nueva Orléans para votar en las elecciones del 7 de octubre. Alegan estos críticos de los venezolanos idos que el hecho de haber emigrado representa una forma de abandono y, como tal, como si se tratase de un mal hijo que deja el hogar y que luego no tiene derecho a arrepentirse, no pueden hablar de un país que, según ellos, ya no es suyo. Tendrían que saber estas personas que se sienten muy venezolanos que quien se va del país sigue siendo tan venezolano como el que se queda. Y que por lo tanto pueden hablar tanto como lo hace un local.

Se ha hablado mucho en los últimos meses sobre la emigración de venezolanos. No es un tema grato. La mayoría de los que se van de su país no llegan a otro a vivir la buena vida. A gastarse los dólares que acá no tienen. A vivir de rumba en rumba hasta la madrugada o esa cantidad de necedades dichas con tonta honestidad por los chicos de Caracas, ciudad de despedidas.

Quien se va la suele pasar mal, es un lugar común decirlo pero se lleva en la maleta la nostalgia, la tristeza de no poder realizarse en su propio país y la realidad de comenzar de cero en una tierra que no les es familiar. Quien se va se lleva mucho dolor, y de allí vienen muchas veces los comentarios llenos de frustración y rabia que parecen una demostración de no querer al país, de hablar mal de Venezuela desde la comodidad de vivir en el extranjero.

Muy bien harían estos críticos de los venezolanos idos en comprender las razones que han tenido y aceptar que el alegato de la ingratitud de los que se van de la Patria Bonita no es real, más bien esto es una triste demostración de los muchos venezolanos que no se sienten a gusto en su propio país, no porque hayan perdido sus privilegios, sino porque no consiguen desarrollarse personalmente en un país que los trata mal cuando están acá y que los trata aun peor cuando deciden irse.

Comentarios

  1. Violeta

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Yo aún no me he marchado pero haré todo lo que esté en mi poder para hacerlo en un futuro cercano. Desgraciadamente ya no sé cómo vivir en este país después de varios asaltos violentos que terminaron con miembros de mi familia en el hospital. Y me voy, como tu mismo dices, con un gran dolor y una gran frustración de no poder realizarme en mi propio país. Y la gente, en vez de compadecerse de mí, me juzgan y me acusan de «vendepatria».

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