Planeta en fuego

Un blog de Álvaro Rafael

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La defensa de Israel

Uno de los países más admirables (con toda su controvertida y polémica historia, muchas veces cuestionable) es sin duda Israel. El estado judío ha logrado construir en un desierto increíblemente inhóspito un estado moderno y Occidental, en medio de vecinos geográfica y demográficamente mayores y políticamente hostiles. Este hecho representa verdaderamente un empeño de conseguir el éxito y una voluntad de hierro por no dejarse doblegar. Repito, con todo lo cuestionable que pueden resultar algunos episodios de su historia, lo que ha conseguido Israel es admirable y ejemplo para la Historia.

 

El Estado de Israel se enfrentaba ante una amenaza capaz de producir mayor daño que el que pudiera dejar un ataque de guerra o terrorista. Israel se encontraba ante la cierta amenaza de ver socavada su moral con la lacra del secuestro que, en la actualidad, se ha convertido en una nueva arma que los terroristas han copiado de sus pares del convulsionado Irak. Porque mientras sufrir un ataque de guerra o vivir la barbarie de un acto terrorista estimulan ese narcótico colectivo del patriotismo, los secuestros golpean la moral por la sensación de angustia e incertidumbre que generan.

Colombia es un lamentable ejemplo de lo que ocurre cuando un gobierno laxo no detiene el secuestro—y la violencia en general— en su etapa inicial. La mejor estrategia para desmotivar la amenaza que implica la proliferación de los secuestros es sin duda la demostración contundente de fuerza por parte del Estado. Así, el Estado de Israel tiene todo derecho y la imperiosa obligación de usar la fuerza para contener una amenaza que claramente buscaba su desarticulación y, como último paso, su destrucción, tal como es de los deseos del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. (Cabe el inciso para señalar cómo algunos elementos de nuestra pintoresca izquierda latinoamericana apoyan ciegamente a la cabeza de un estado teocrático, cuando por estos lados pregonan el también ciego desprecio por la religión y exaltan las virtudes aconfesionales).

El Estado de Israel busca la defensa de sus intereses nacionales así como nosotros los venezolanos nos armamos hasta los dientes para defender los nuestros ante la inminente invasión.* En cambio, los promotores de la violencia arrastran irresponsablemente a sus pueblos al sufrimiento que, sin tapujos, capitalizan para continuar con su política terrorista: son sus grandes jefes quienes buscan el mayor daño para su pueblo a fin de sembrar el odio que luego cosecharán para convertir a jóvenes en los futuros mártires de su guerra santa, que son sus armas con las que pretenden la conquista del Poder.

¿Qué puede hacer entonces el Estado de Israel?¿Quedarse de brazos cruzados mientras se convierte en testigo y cómplice de su destrucción? Un pueblo que ha sobrevivido más de tres milenios de opresión, pogroms, campos de concentración, diásporas…, y que finalmente fue capaz de construir en la nada uno de los estados más modernos del mundo en medio de la hostilidad geográfica y política, difícilmente claudicará. No lo hará, porque se ha plantado con la firmeza que merece la situación.

PS: A la hora que escribo estas líneas el conflicto ha adquirido unas dimensiones mayores. Hezbollah, la poderosa guerrilla libanesa proiraní, lanza sus cohetes Katyusha a ciudades israelíes. Este movimiento actúa con total libertad en el territorio libanés, e incluso uno de sus miembros, Muhammed Fneish, es ministro del Gobierno. Los responsables de la política israelí justificación su incursión en territorio libanés alegando la debilidad gubernamental de actuar contra esta organización armada.

 


* Así como también defendemos el derecho de defensa de Corea del Norte que, como dijo nuestro ministro de Comunicación e Información, «tiene todo derecho a poseer misiles» e invertir en sus pruebas y perfeccionamiento, sin importar que el pueblo norcoreano viva en la absoluta miseria.