El opositor chavista

El opositor chavista

El opositor chavista: sobre las reacciones a las palabras de Lorenzo Mendoza o cómo se ha normalizado en Venezuela el discurso en contra de los empresarios y la propiedad privada.

Venezuela, un país rico

 

Cuando Chávez llegó a la presidencia tenía en su programa electoral un sinfín de promesas que no realizaría en vida. Lo único que materializó con mayor éxito fue la exacerbación de la confrontación social entre aquellos que tienen algo y aquellos que no tienen nada y que no hacen nada por tenerlo. Chávez explotó con la destreza del vivo criollo (manipulador y mentiroso) ese oscuro sentimiento latente (una mezcla de desprecio, envidia y resentimiento) e hizo creer de una vez por todas algo que su electorado presentía de antes: que si vivía en la pobreza se debía a que «alguien perverso» le quitó lo que era suyo.

Es decir, que cada uno de los venezolanos nació con riqueza que le fue arrebatada por otro (los empresarios, las cúpulas podridas, el abstracto «enemigo extranjero»), y que nada tenía que ver la pobreza con la falta de trabajo o de producción propia. A fin de cuentas «Venezuela es un país rico» y uno nace para reclamar la herencia sin mover un dedo (herencia administrada por un Estado paternalista cuya función no es otra que la de darle a sus hijos lo que otros le quieren quitar). La cultura de la pereza ya estaba sentada en esa frase entrecomillada.

Él como nadie supo explotar un discurso que no era novedoso, pero lo hizo suyo y de sus partidarios chavistas: ya los anteriores gobiernos socialdemócratas y socialcristianos (socialistas) habían hecho creer a la gente que nuestro mayor recurso natural, el petróleo, «es de cada uno de nosotros», que antes era de empresas extranjeras que vinieron a «quitarnos lo nuestro», a «saquearnos», manipulando los sentimientos nacionales para favorecer el desprecio, la envidia y el resentimiento hacia el «otro», hacia «el empresario», hacia el «musiú», cuando fueron precisamente esas empresas extranjeras las que vinieron al país para explotar un recurso que con nuestros conocimientos jamás hubiéramos logrado sacar del subsuelo. Sin la ayuda de la empresa privada extranjera, Venezuela sería hoy en día una provincia dedicada a la actividad agrícola, es decir, a la explotación de la riqueza que nos da la tierra sin mucho esfuerzo.

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El empresario, tu mayor enemigo

 

A medida que avanzaba la revolución, Chávez hizo ver que el empresario era un ser perverso, explotador de los pobres pero que a la vez pretendía vivir del Estado; el empresariado venezolano, lamentablemente, no tenía muchos recursos para hacer frente a esa campaña institucional en su contra ni argumentos éticos de peso para rebatirla, por ser pequeño, débil y muchas veces altamente dependiente al Gobierno de turno.

Al día de hoy, Venezuela nunca ha contado con un sistema capitalista de libre mercado donde los empresarios puedan desarrollar sus actividades económicas alejadas del paraguas del Estado.

 

·Crisis económica venezolana por Carlos Rangel

 

Tenemos empresarios atípicos: empresarios que si quieren progresar deben ceder ante un Estado que maneja el monopolio de la actividad económica del país. Empresarios secuestrados por el control cambiario que no pueden exportar ni importar nada, sometidos a estrictos controles de ganancias y a la estigmatización constante del Estado. Lo peor: hay empresarios que le dan la razón al Gobierno socialista de que sí, de que ellos son culpables, de que las empresas son perniciosas para los intereses del pueblo y que la actividad económica debe estar supeditada a la «felicidad del pueblo» y no al motivo de toda empresa: generar riqueza.

En un ambiente de tal hostilidad, pocas empresas se han mantenido firmes en principios empresariales y las que quedan son un rara avis de constancia y valentía (Empresas Polar es una de ellas). La mayoría de empresas han quebrado, otras se han ido; cientos de empresarios han sido encarcelados, exiliados, comprados, asesinados.

Y el chavista está convencido de que el empresario es un ser perverso, el culpable de todos los males de la sociedad, el responsable de que sea pobre, aquel sujeto que le quita los alimentos y los esconde, en una [i]lógica malévola de quebrar sus empresas privadas para derrocar al Gobierno; habría que preguntarle a ese amigo chavista si las pocas empresas que quedan son capaces de tumbar a un Estado que controla todo y que se jacta de ello.

Que un chavista demuestre su deprecio, envidia y resentimiento hacia los empresarios y la actividad privada en general no me extraña; es parte del discurso fundacional del chavismo exculpar a los propios para responsabilizar a los otros.

Pero que se escuchen voces dentro de los que se dicen opositores contra los empresarios, los pocos que quedan y que resisten a nivel personal y hacen resistir sus empresas para que se mantengan productivas ante la barbarie chavista, sí es algo preocupante, porque da cuenta de que el discurso de intoxicación chavista ya ha despertado, al otro lado del espectro político, el chavista interno que llevan muchos opositores.

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Despierta el chavista interno que hay en ti: el opositor chavista

 

Recientemente circuló el discurso que Lorenzo Mendoza, Presidente de Empresas Polar, difundió entre sus empleados para animarlos a quedarse en Venezuela.

https://www.youtube.com/watch?v=8GP_63HfRao

Lo dice un empresario privado más exitoso del país, el único que ha logrado defender los derechos de sus empresas y trabajadores ante un Gobierno altanero, y entonces estallan las críticas hacia él.

«No se pueden cambiar unos problemas por otros» fue la primera frase que movió, de manera más apasionada que racional, las críticas de algunos opositores, que acusan a Lorenzo Mendoza de frivolizar los problemas en Venezuela desde lo «alto de su cargo» (como si su posición le prohibiera hablar de los temas del país, volviendo otra vez a la mentira chavista ampliamente aceptada de que la política en Venezuela solo es cosa de «el pueblo») y se extienden en argumentos como que él niega que en otro país se puede vivir mejor.

La argumentación pareciera racional (¿quién prefiere vivir en el infierno en lugar de vivir en el paraíso?), pero de pronto te das cuenta que la frase que abre este párrafo la dice un empresario que tiene muchas opciones para irse y no lo hace, y es precisamente hacia esa dirección donde va esa frase: no es que se niegue la jodida realidad venezolana —más bien se acepta que el país siempre ha vivido en crisis— o se haya llegado a punto de negociación con la crisis, o que se diga que Venezuela es un país maravilloso porque tiene El Ávila o las playas y que este es el mejor país del mundo, en ningún momento se oye eso, simplemente se parte de un principio claro: que ante las dificultades uno no abandona el barco porque si es así, cuando nos vayamos a otro país donde se consiguen las cosas de las que aquí carecemos, uno verá que hacen falta otras (la familia, un trabajo similar, las redes de apoyo que uno ha construido a lo largo de años, etc.) y entonces esa inconstancia que nos llevó a fracasar en Venezuela nos llevará a fracasar en cualquier lugar del mundo. Más que frivolizar sobre la situación del país, queda frivolizada la creencia de la emigración plácida y feliz.

Hay otras frases que parece que algunas personas entendieron al revés: «Hay mucha gente que no puede irse para ningún lado. Yo estoy con ellos» y «yo respeto a la oportunidad de la gente que puede irse», entendiendo sus críticos, en cambio, que acusa casi de cobardes a quienes se van, o que sataniza el deseo de otros de irse, o algo mucho peor: acusan a Lorenzo Mendoza de ser un empresario indiferente ante el dolor ajeno y de los que se van dejando todo o los que se quisieran ir pero no pueden, lo cual es ponerlo como un monstruo —¿les suena esa estigmatización?

Y es allí cuando los extremos se miran, se sonríen, coinciden, consiguen un enemigo en común: Lorenzo Mendoza, «un empresario, un hombre que tiene mucho dinero, un hombre alejado o simplemente desinteresado de las necesidades de los pobres. Un hombre que seguro está donde está porque te ha quitado lo que es tuyo y que no le importa si haces cola o si te roban en la calle porque él siempre será “rico”».

Dicen que por ser «rico», Lorenzo Mendoza no le importan las penurias que sufre día a día eso que llaman el «venezolano de a pie» y casi lo sitúan viviendo en una burbuja donde todo es confort y placer. Olvidan que es el presidente de la empresa privada más grande de un país cuyo Gobierno se ha propuesto destruir a la empresa privada para sustituirla por un modelo que privilegia a la boliburguesía. Olvidan que Empresas Polar es la empresa privada más fiscalizada y acosada de Venezuela.

Quienes creen que tener una empresa privada le aleja de las realidades del país, es porque desconocen lo difícil que es tener, mantener y resistir con una empresa privada en Venezuela. No solo a nivel económico, sino también a nivel penal: la Venezuela chavista se ha caracterizado por implantar numerosas normativas penales que penden sobre la cabeza de los empresarios. Numerosos han sido los empresarios que se han visto encarcelados por las causas más baladíes. Y todavía ¿piensan que por ser «rico» y «empresario» lo tiene más fácil que el venezolano que hace cola?

Es curioso cómo unas palabras de optimismo, que incluso se pudieran catalogar de nacionalistas, despiertan en muchos (chavistas y algunos opositores) el desprecio («no hace cola como uno»), la envidia (es «rico») y el resentimiento («a él no lo van a robar o matar porque tiene muchos guardaespaldas»). De seguro, hoy en día, muchos opositores quisieran que le expropiaran Empresas Polar, o que le pasara algo peor, para poder apuntar su dedo hacia él y decir «¿ves que yo tenía razón?»

En muchos opositores hay un deseo fervoroso y apasionado porque al otro que hace algo por Venezuela le vaya tan mal como a ellos. No importa que esa persona sea un empresario exitoso: desean que le vaya mal, que fracase, para así justificar su argumento de que no vale la pena hacer nada por Venezuela, solo quejarse, y si se van del país, seguirán quejándose porque han adoptado el fracaso como forma de vida. ¿Echarle la culpa al otro que hace algo y desear que le vaya mal no les suena chavista?

Ese discurso que Chávez hizo suyo y de sus partidarios. El discurso del deprecio, envidia y resentimiento hacia el que tiene algo más que uno. Ese discurso que ha hecho metástasis en algunos opositores: los opositores chavistas. Para desdicha de futuras generaciones que, con chavismo oficial o con chavismo opositor, seguirá mirando con recelo al que produce en Venezuela en lugar de mirar como se deben mirar los modelos de éxito: con admiración.

Comentarios

  1. JMendez

    El discurso de Lorenzo Mendoza me parecio todo menos esperanzador y de ánimo. Lo critico es por eso. No porque se ha despertado el «Chavista que hay en mi». Generalizar que el desacuerdo general del comunicado es por ese motivo, solo me muestra una clara parcializacion de tu punto de vista. Este discurso solo sirvio para algo, y es generar la polémica detrás de el, sea
    como un motivo propagandístico o parecido. Uno nunca sabe porque hacen las cosas algunas compañías, pero de seguro no fue sembrar esperanza…

    1. Autor de la
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      Álvaro Rafael

      No generalizo mi critica contra todos aquellos que se hayan molestado por el discurso de Mendoza. Critico específicamente a la gente que no ha oído el discurso y asume que Mendoza criticó a quienes se han ido del país (por ningún lado lo dice). Critico a la gente que descalifica al orador por ser «rico», como si eso le hiciera ajeno a las dificultades que vive cualquier venezolano. Es precisamente ese argumento el que hace a esa gente próxima al discurso chavista.

      Cada quien puede mostrar su desacuerdo con un discurso (a mí en particular no me gustó que sacara el tema político), pero al menos sería prudente oírlo antes de criticarlo o no criticarlo basándose en que lo dice el dueño de una empresa grande y exitosa (en ese caso, sí estoy parcializado porque quisiera yo que en Venezuela hubiera muchas más empresas como Polar y empresarios como Mendoza, es algo que digo sin sonrojarme).

      1. Cesar Aguinagaldi

        Es así Alvaro, yo también he leído a personas conocidas cirticando el mensaje de Lorenzo que fue para sus empleados con argumentos absurdos como el que mencionas. Tristemente estos16 años se ha exaltado el miserable que hay en cada uno de nosotros. Comentarios como «que vas a sabaer tú de hacer colas o de inseguridad si tú tienes guardaespaldas» y otras pendejadas así, y lo peor es que te lo dicen como si ellos fuesen dueños de la verdad pero en fin como diría Orlando Castro, aquí estamos y aquí seguimos.

      2. Cesar Aguinagaldi

        Otra cosa, todavía muchos no comprenden que el discurso de Lorenzo Mendoza fue para sus colaboradores que día a día trabajan en esa empresa que ha sido tan acosada en estos últimos 16 años. Muchos tomaron ese mensaje como algo personal y sólo se limitaron a exponer sus sentimientos sin entender la realidad del contexto.

  2. Jennifer Tejeda

    Me causa sorpresa cómo al principio de este artículo se hace referencia a Hugo Chávez alegando que su «mayor éxito fue la exacerbación de la confrontación social» mientras que todo el resto del escrito se encarga de exacerbar la confrontación política. Esa bendita costumbre de encasillarnos en sectores es lo que jamás nos va a permitir surgir como país, y que triste que 15 años después no hemos aprendido a dejar de clasificarnos en categorías. No todo es blanco o negro, no todo opositor al gobierno automáticamente se convierte en venerador de la empresa privada o deba aceptar las premisas de sus representantes como un dogma. La verdad no sé si me causa risa o tristeza la forma en que nos hemos acostumbrado (igual que este gobierno) a satanizar la crítica, como lo dije antes, no todo es blanco y negro; y la forma de ver las cosas del opositor director de la empresa privada más grande del país no sólo PUEDE sino que DEBE ser distinta al opositor clase media que no consigue pañales ni leche ni azúcar, y que a pesar de que busca, no encuentra oportunidades suficientes para quedarse en este país. Lo lamento mucho por el autor de este artículo, espero que no tengan que pasar 15 años más para aprender que categorizarnos nunca nos ha llevado a nada bueno. Saludos.

    1. Autor de la
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      Álvaro Rafael

      De cierto modo, tener ideas y defenderlas nos categoriza; en mi caso, como defensor de la propiedad privada y el libre mercado, muy distinto al socialista que aspira a que le den la riqueza que genera otro. Hugo Chávez promovió una confrontación más social que política: entre una Venezuela con otra, y desde el otro lado estamos defendiendo nuestro valores y principios y es algo que nos lleva a criticar lo que vemos como errado. ¿Qué es errado? Que se promueva el desprecio y la envidia hacia aquel que produce, que es básicamente lo que sustenta el discurso chavista y, lamentablemente, algo que ha aflorado en algunos opositores tras el discurso de Mendoza.

      Decir que los problemas de Mendoza son menos graves porque no padece lo que padecemos en la clase media es injusto, como si mirarle la cara a un Estado con pretensiones totalitarias fuese poca cosa.

      Si consideras que categorizarnos es grave, yo asumo que la gravedad del país está en no tomar posturas claras por miedo a caer en la trampa de que «no podemos seguir dividiéndonos» y en no defender las cosas en las que uno cree (tal como lo hace Lorenzo Mendoza).

      Saludos.

      1. Anónimo

        Cómo bien claro dejaste en tu texto, los problemas de Mendoza son pelear con el gobierno que quiere destruir su empresa o quitársela, pero estamos hablando de una persona que tiene plantas de producción en varios países, y aunque decide luchar por Venezuela (que se le agradece), si al final llegase a perder, sigue teniendo la posibilidad de irse a Colombia o USA y seguir amasando grandes cantidades de dinero y sin tanto problema como aquí.

        El Venezolano de a pie, si pierde, no va y se muda a otro país y sigue con su vida, el Venezolano de a pie cuando pierde contra la batalla que le hace el gobierno, termina en un ataúd (y si es que consiguen pagarle uno).

        Es verdad, todos luchamos en nuestra propia manera, pero unos tenemos más que perder que otros, el costo de toda Empresas Polar es ínfimo comparado a perder la vida, y ahí se reduce todo, unos luchan por mantener su riqueza (que no lo condeno por eso, cualquier empresario haría lo mismo en su lugar) y otros luchan por mantenerse vivos, y decidir poner tu vida por delante de un país que parece dedicado a subyugarte o matarte, no es «porque han adoptado el fracaso como forma de vida.»

        Entiendo tu punto de vista, pero solo aclaras el punto que hacen los demás, de que los problemas de Mendoza son distintos a los de los demás, el se juega capital, el resto la vida.

  3. Edmundo Dantes

    En el discurso de Carlos Rangel queda bastante claro el por qué de esas posiciones tan absurdas que algunos han tomado ante las palabras de Mendoza. Vayamos por partes: 1) En TODAS las épocas de la historia humana ha existido una gama de estratos sociales que van desde el extremo de los poderosos (según el concepto de poder que prive: religioso, militar, político, financiero) y los paupérrimos (los que nada tienen sino la vida del día, por las razones que fuere). 2) En nuestra época el poder, el verdadero poder, está en manos de una combinación de músculo financiero + músculo político/ideológico. El mejor ejemplo actual, por su evolución en pleno desarrollo, es la República Popular China: poder político/ideológico absoluto y ahora descubriendo el poder de la economía (entiéndase como negación del «ser rico es malo»). 3) China e inclusive, según se dice, Cuba están descubriendo la necesidad de una empresa privada que se ha DEMOSTRADO EN LOS PAÍSES DESARROLLADOS es la que mayormente, por mucho, contribuye al crecimiento integral de las naciones. Pero, 4) ese desarrollo se da en la medida en que «las cosas» fluyan lo mejor posible, con pocas distorsiones. Y los mayores, muy mayores, obstáculos vienen de la corrupción (inaudita e inauditable en Venezuela) y la exacerbación de las diferencias sociales, que por lo demás siempre han sido y seguirán siendo, que igualmente en Venezuela han adquirido una dimensión enorme, miserable y monstrusamente inyectada por el poder castrochavista. 5) Uno lee los análisis internacionales serios y NADIE pretende calificar de perfecto a nungún gobierno del mundo. Todos tienen problemas serios y menos serios, pero en todos las autoridades responden por sus responsabilidades y actúan para resolver los problemas. No se ocultan; no se persigue a la prensa que los expone; no se victimiza a quienes denuncian. Esos gobiernos entienden que no pueden, ni es saludable ni conveniente, hacerlo todo ni estar en todo operativamente.Ese es uno de los secretos del verdadero desarrollo. Los gobiernos exitosos son los que coordinan mediante políticas consensuadas por la sociedad los esfuerzos del sector público y el sector privado. Quien pretende ocultar el sucio «bajo la alfombra» y constantemente explota bombas de humo y mueve trapos rojos para distraer NO RESUELVE NADA y complica todo permanentemente. Finalmente, 6) poco es lo que se puede esperar de un país cuya educación formal lleva tantos años empobreciéndose que nos ha llevado a un estado de cosas en que quienes dirigen el país son de pobres y escasas luces intelectuales, por lo que que sus aspiraciones en la vida no están orientadas hacia la grandeza del común sino hacia la acumulación de riquezas materiales que lo que les resta de vida no les va a alcanzar para gastar/disfrutar. Y del resto del país? Sufrimos del mismo oscurantismo pero peor porque ni siquiera entendemos por qué somos como somos, solo seguimos aborregados a los mandatarios de turno (que nos engañan con las mismas falsas promesas de toda la vida!). No hay vida para Veenzuela. Lamentabilísimamente.

  4. Anonimo

    Que opinas Alvaro Rafael de los «Libertarios y Ancaps» que crítican hasta mas no poder a Lorenzo Mendoza por socialista y mercantilista?

    Saludos

    1. Autor de la
      Entrada
      Álvaro Rafael

      Las personas que conozco en Venezuela que se definen como libertarios y ancaps suelen ser personas con posturas muy conservadoras, casi neocon, y eso las hace automáticamente enemigas de las personas que trabajan en Venezuela porque asumen que están «colaborando con el régimen», que son «gente acomodaticia», cuando la verdadera resistencia está en hacer lo que no hace este gobierno: trabajar, y hacerlo bien.

      Saludos.

      1. Anonimo

        No puedo estar mas de acuerdo, yo soy cercano al libertarismo, creo en el estado mínimo, pero no me identifico con esas posturas anti sistema como la guarimba y el llamar a todo socialista…

        1. Autor de la
          Entrada
          Álvaro Rafael

          Venezuela requiere un movimiento libertario que no lo sea solo en lo económico sino principalmente en lo social; este es un país muy conservador, de allí que todos (derecha e izquierda) vean como normal el papel del Estado en regular cada aspecto de nuestras vidas, como pequeños niños que nunca vamos a crecer.

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