El exceso de normas altera tu vida

Sociedades libres

Quiere usted pasar el fin de semana en la playa con su novia y entonces el papá de ella le exige como requisitos para que pueda salir con usted:

  1. fotocopia de cédula de identidad,
  2. examen de salud vigente,
  3. inspección del vehículo (si no tiene propio, fotocopia del boleto en transporte de reconocida reputación),
  4. constancia de la reservación del hotel (si es casa particular, fotocopia de título de propiedad, si no lo es, carta de invitación sellada por autoridades municipales),
  5. le dice que le mandará inspectores para que verifiquen que «no están haciendo nada malo» y, por último,
  6. le manda a llenar carpetas con seguro de viajes, últimos estados de cuenta y una declaración jurada de que se limitarán a bañarse en la playa y de que a la vuelta ambos se someterán a exámenes médicos.

 Podrá este padre creerse un hombre previsor y cuidadoso del bienestar de su hija, pero en la práctica está entorpeciendo la relación normal entre una pareja; en otras palabras, está haciendo todo lo posible (intencionalmente o no) para que esa relación termine arruinada.

Esta es una situación claramente exagerada, pero en la vida real para realizar trámites sencillos nos han acostumbrado a aceptar como normal la imposición de una serie de requisitos absurdos y engorrosos. El Estado, a través del gobierno de turno, impone una gran cantidad de normas, leyes y reglamentos a sus ciudadanos que alteran el normal desenvolvimiento de las relaciones humanas. Una sociedad puede, fácilmente, desarrollarse libremente con una legislación limitada y básica: no matar, no lesionar, no robar.

Todo lo demás puede fácilmente ser normado de manera tácita entre particulares, adultos y responsables.

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