Planeta en fuego

Un blog de Álvaro Rafael

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Cuando el nacionalismo sale en defensa de Simón Díaz y ataca a Cerati

Defensores de la Patria venezolana

Hace minutos pasé por la plaza Alfredo Sadel en Las Mercedes donde están haciendo un concierto en honor a Cerati. Un viejo me preguntó que qué era eso, y cuando le respondí el viejo, antes de irse, comentó aireado si le harían lo mismo a Simón Díaz, que era uno de «los nuestros».

Comprendí que acá el tema se está manejando con mucha emocionalidad, con conceptos de fácil consumo para personas impresionables como los de Patria, «primero lo nuestro que el apoyo a artistas extranjeros», el trágico «lo nuestro es lo mejor». Allí donde habla el corazón es de mal gusto que la razón lo contradiga.

Acá nadie pone en duda que Simón Díaz (y que Ilan Chester, también enfermo estos días) sea un maestro en su género, un ícono de la cultura popular venezolana y que la situación que atraviesa sea triste y lamentable. Es un artista con una carrera admirable y espero que se recupere pronto. Pero quienes en este momento salen en su defensa no son necesariamente sus seguidores, sino personas que con una muestra de indignación, coraje y desprecio se rasgan las vestiduras por la falta de «las mismas manifestaciones de apoyo que se le ha dado a un cantante no-venezolano». Es decir, la postura que se adopta para atacar directa o indirectamente a quienes han manifestado apoyo hacia Cerati está sustentada en el nacionalismo fanático.

El nacionalismo es siempre paternalista y te dice: si no te gusta algo, te la calas. En otras palabras: «Quizá no te guste su música, pero tienes la obligación nacional de apoyar a Simón Díaz y sentirte culpable si apoyas primero a Cerati».

Quienes estos días han manifestado apoyo a Gustavo Cerati no lo hacen porque sea un argentino arrecho, porque haya vendido tantos discos, porque sea famoso en toda Latinoamérica (cosa que me interesa poco): lo hacen porque sienten afinidad por lo que representa su música.

Es cuestión de gustos, así de sencillo y aunque le duela a muchos. De la misma forma que un seguidor de la música de Simón Díaz (uno de verdad, no uno de esos payasos nacionalistas que ahora se rasgan las vestiduras) no se siente obligado a apoyar públicamente a Cerati. No crucemos las fronteras: un seguidor de la música llanera, de las gaitas o de cualquier estilo pretendidamente «nacional» seguro que no lamentó la muerte de un venezolano como Cayayo Troconis (de seguro que muchos espontáneos seguidores de Simón Díaz ni sepan quién fue Cayayo).

¿Y acaso esa falta de apoyo automático sea algo malo? No: sería bien hipócrita al menos de parte mía salir a decir que la música de Simón Díaz es parte de mi vida. No lo es, y ni siquiera lo es de mucha gente que sale ahora en su defensa sólo porque siente que han escupido sobre su nacionalismo y alguien debe salir en defensa de la Patria mancillada.

Simón Díaz es hoy para algunas personas la excusa para calmar la idea de la Patria entregada a un extranjero (un argentino). Por favor. Si te gusta Simón Díaz, sal a manifestar tu apoyo en lugar de criticar a quienes manifiestan apoyo por otro. ¿Vivimos en dictadura cultural? No lo creo, cada quien es libre de manifestar su apoyo a quien haya marcado su vida. No creo en la solidaridad automática. En ella sólo creen quienes se dejan arrastrar por las pasiones más bajas.