¿Cómo viven los venezolanos en Perú?

Venezolanos en Perú
¿Cómo viven los venezolanos en Perú? ¿Están viviendo tan mal como comentan muchos en redes sociales? ¿Es Lima un gran barrio? Estas son algunas preguntas que, desde mi perspectiva, quisiera aclarar.

 

¿Los venezolanos viven bien en Perú?

 

A raíz de las denuncias de supuestos casos de xenofobia contra venezolanos en Perú escribí este tuit que se viralizó un fin de semana. Las reacciones fueron positivas y muchas personas tuvieron un nuevo panorama para comprender lo que sucedía. Algunos aprovecharon para preguntarme cómo se vive en Perú o cómo viven los venezolanos en Perú. Como las redes sociales tienen limitaciones para extender las ideas, creé esta categoría en la que me gustaría aportar algunos comentarios sobre un tema de interés para mí desde que emigré hace dos años: la diáspora venezolana.

Para aclarar cómo se vive en Perú, primero hay que definir lo básico: ¿qué significa vivir bien?

 

A diferencia de otros emigrantes latinoamericanos, el emigrante venezolano es heterogéneo. Emigró la clase alta con capital, emigró la clase media con educación superior y emigró la clase baja con poca preparación técnica. Es imposible aglutinar en una sola respuesta a diferentes sectores con motivaciones tan disímiles para irse de su país. Por eso lo mejor es partir de una pregunta que nos una a todos: ¿Por qué nos fuimos de Venezuela?

Nos fuimos de Venezuela por carecer de servicios básicos, por falta de alimentos y medicina, por inseguridad, por persecución política, por falta de futuro. Entonces, vivir bien es lo contrario a todo lo anterior.

Básicamente, «vivir bien» sería contar con:

  1. Servicios básicos asegurados,
  2. un país seguro (o medio seguro) y que no haya persecución política, o
  3. donde no falten alimentos ni medicamentos o
  4. con un salario que alcance para cubrir las necesidades inmediatas.

Dicho lo anterior, entonces los venezolanos viven bien en Perú. O al menos mejor que en la actual Venezuela depauperada. En Perú hay servicios básicos de calidad y a precios asequibles (agua, electricidad, telecomunicaciones), la comida abunda y es relativamente barata; la inseguridad es un tema que agobia a los locales, pero no llega al descontrol que conocemos y en general nos sentimos seguros; los hospitales también son motivo de queja local, pero están en mejor estado que en un país con crisis de salud crónica como Venezuela.

Además, pese a lo que se ve en redes sociales, por los momentos en Perú no hay una persecución estructurada en contra de los venezolanos (sí hay señales de alarma que se deberían resolver pronto para no generar problemas a mediano y largo plazo) y cualquier venezolano puede «vivir bien» acá.

El asunto es que no solo se vive de lo material. Hay otros intereses inmateriales que hacen que una persona sienta que viva bien o viva mal en un lugar. Pero este elemento inmaterial tiene una base material, porque las expectativas (elemento inmaterial) se cumplen si cumples primero con lo material. Si por tu cuenta llenas el plato de comida, tienes el estómago lleno para pensar en cosas más elevadas.

Entonces, ¿qué es eso material que genera que las expectativas de algunos no se cumplan y sientan que vivan mal? En mi opinión tiene que ver con la vivienda.

 

Expectativa y realidad: de viviendas familiares en Venezuela a alquileres precarios

 

Quien migra pone su origen como punto de partida o línea de base: busca algo por encima. Desde que sale del país, todo es un punto comparativo con lo que se deja atrás. Es natural, porque se sale de una realidad conocida para entrar en otra que se desconoce. Se buscan referencias con el pasado. Entonces aquí nace el primer choque que pone a muchos venezolanos por debajo del punto de partida: la vivienda.

Un gran porcentaje de venezolanos en Perú son jóvenes y es de suponer que vivían con sus padres o familiares. Para ellos, Perú es su primera experiencia de emancipación.

La gran mayoría de venezolanos se concentra en Lima y la vivienda en Lima es cara. Bastante cara incluso para los limeños. Soy caraqueño, y para ponerlo en comparación (con lo que conozco, con mi pasado), vivir en un apartamento alquilado de dos habitaciones en una zona como El Marqués o Montalbán puede costar entre 500-700 dólares mensual. En zonas con aspecto similar a Caricuao o Guarenas, 300-500 dólares. (En zonas caras, sobrepasa los 1.000-2.000 dólares.) La mayoría de venezolanos en Perú gana salario mínimo (que ronda los 300 dólares), por lo que el bolsillo solo alcanza para vivir en una habitación o un apartamento en zonas de ingresos bajos o medios bajos. Estas zonas son las conocidas como los «conos» (periferia de Lima).

Los conos (llamados así porque tienen forma cónica) son extensas zonas urbanas que crecen en los extremos norte, sur y este de la ciudad. Se poblaron principalmente en los años 1980 con población desplazada del interior del país durante la época del terrorismo en Perú (1980-2000). Por su origen, los conos fueron en su mayoría invasiones que han ido urbanizándose, pero que todavía conservan su fisonomía de improvisación y desorden (nota: Lima en los 1980 tenía 3,5 millones de habitantes, ahora tiene 10 millones). Con el alto crecimiento económico que experimentó Perú en los años 2000-2010, muchos habitantes de los conos se convirtieron en la nueva clase media peruana y por eso ves allí nuevos proyectos urbanísticos e impresionantes centros comerciales como estos: Plaza Norte, Mall del Sur o Real Plaza Puruchuco.

 

¿Lima es una ciudad?

 

Obviamente, para muchos venezolanos jóvenes que crecieron en zonas de clase media o media baja desarrolladas en los años de la Venezuela saudita, los conos lucen como zonas «marginales» (con toda la carga peyorativa y clasista que le damos a esta palabra, si bien los conos están en proceso de movilización social y suelen ser más seguros y tienen servicios básicos que no se conseguirían en los barrios de Venezuela).

Como muchos venezolanos llegan por tierra y el principal terminal terrestre está en un cono (Plaza Norte), esta es la primera visión que tienen de Lima. Incluso la única, ya que muchos que llegan y de inmediato empiezan a trabajar y no conocen el resto de la ciudad (siendo Lima una ciudad litoral, muchos venezolano no han visto el mar).

Esto hace que muchos tengan el convencimiento de que Lima es un «gran barrio» o que incluso «no es una ciudad». Es lo que conocen y es lo que comentan hacia Venezuela. Por supuesto que Lima es una ciudad, una ciudad enorme, compuesta por 50 distritos (municipios), con todos los símbolos de una economía abierta que verías en cualquier otra gran ciudad: grandes marcas comerciales, centros comerciales repletos, gran cantidad de hoteles cinco estrellas, bares, cafés y discotecas abiertas hasta altas horas de la noche. Y como cualquier ciudad grande, tiene zonas agradables, zonas desagradables, zonas turísticas y zonas que no son recomendadas para ir.

 

¿Shithole country?

 

A partir de la imposibilidad de vivir en una zona que puedan comparar con la que vivían en Venezuela empieza la frustración. Y de aquí parten los comentarios que abundan en redes sociales o que llegan a Venezuela sobre Perú, pintando un panorama casi de inframundo, donde pareciera que no hay servicios básicos, ni seguridad, casi un shithole country.

Tienes una persona joven que reparte su salario entre arriendo, comida y remesas que envía a Venezuela y que le queda poco para seguir cumpliendo expectativas. Tiene poco o nulo ahorro, falta de establecimientos de relaciones interpersonales saludables, dificultad para salir de trabajos de baja renta. Es lógico que sus expresiones sean: se vive mal en Perú.

 

Entonces, ¿los venezolanos bien o viven mal en Perú?

 

Una cuestión de adaptación

 

Cómo cada realidad es diferente, esa pregunta que tantas veces he oído no tiene una respuesta uniforme. Mi entorno está compuesto de venezolanos integrados en la sociedad peruana y manifiestan estar muy bien acá. Y no solo materialmente. Sienten que han cumplido y se han desarrollado o lo están haciendo. Consideran que por su cuenta han conseguido cosas que no hubieran logrado en la actual Venezuela (incluso viniendo de entornos de clase media estable).

Acá también he conocido compatriotas muy jóvenes que han descubierto experiencias que los mayores de treinta dábamos por descontado, pero ellos no. Cosas tan mundanas como salir a un bar de noche, llenar una nevera, salir a caminar, ir a conciertos, ayudar económicamente a sus familias. Para estos, la respuesta a si «viven bien en Perú» también será que sí.

Todas estas personas que se sienten a gusto en Perú, por estar integradas y estar cumpliendo sus expectativas, no suelen ruidosas en redes sociales y sus experiencias no llegan a los oídos de la mayoría de venezolanos, estén en Venezuela o en otros países.

Así que la respuesta de cómo se vive en un país (en el que las necesidades básicas están cubiertas) depende de cada persona y su capacidad de desenvolverse en un entorno desconocido. Depende de su capacidad de adaptación a una nueva vida y de cómo afrontar cambios con respectos a la vida que dejan atrás. Hay quienes tienen más facilidad de adaptación que otras. Por último, quienes se adaptan más rápido al nuevo entorno suelen ser las que surgen con mayor facilidad que aquellas que siempre se quejan y se lamentan por lo que consideran que perdieron (su estatus socioeconómico, su vivienda, la comodidad que tenían mientras vivían con padres o familiares).

 


Nota final: hay que considerar el hecho cierto de que hay países que pueden dar condiciones más fáciles para que este proceso de adaptación sea más rápido en comparación con otros países. Sin embargo, eso no quiere decir que en esos países se viva bien con tan solo llegar, ya que podrás estar fuera de Latinoamérica, pero si tu actitud ante los cambios sigue siendo mala, vivirás mal dondequiera que estés.

Comentarios

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